Se cuenta que en el norte de este territorio, crecía un arbusto que se cubría de flores blancas y que adornaba hermosamente sus bosques; pero repentinamente, después de de esa masacre, las flores que crecían eran de un rojo intenso, lo que se interpretó como el color de la sangre derramada por los chontales. Al darse cuenta de esto, los aztecas nombraron a la flor Cuetlaxóchitl, cuyo significado es “flor que se marchita”.
Otros le daban a la flor el significado de la nueva vida, alcanzada por los guerreros muertos en batalla, ya que creían, que dichos guerreros regresaban a la tierra a libar la miel de esta planta. Además, se utilizaban los pétalos, macerados y mezclados con oxtle y otras sustancias, para teñir cuero y algunos textiles.
Cuando Joel R. Poinsett, embajador de Estados Unidos en México en la primera mitad del siglo XIX, vio la flor de Nochebuena, le gustó tanto que envió semillas de esta flor a Charleston en el año de 1828, y posteriormente se propagó en Europa, pero bajo el nombre de “poinsettia”.
Existe una gran variedad de Nochebuenas que van desde los colores claros, como el blanco el beige y el rosa, hasta colores más intensos como el rojo, el salmón y el anaranjado. La Nochebuena, es una flor mexicana, poseedora de una belleza singular.
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